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LUDOPATÍA
= ADICCION AL JUEGO
Autor: Dr.
Sergio Blas Antúnez Queiroz
Pediatra-Terapeuta Familiar
Resistencia-Chaco-Argentina
e-mail:
antunezsergio@hotmail.com
A pesar de ser una
enfermedad muy antigua, hasta 1975 no se empezó a estudiarla como
tal, y es en 1979 cuando se la define como “juego patológico”.
¿En qué consiste la ludopatía?
La ludopatía es un
trastorno sin causa exclusivamente biológica, con alto grado de
componente psicológico, familiar y socio-laboral. Por apuntar a
una definición, es posible considerar el juego patológico como un
“trastorno Psicológico consistente en la necesidad imperiosa de
jugar, incluso por encima de la propia voluntad de no hacerlo.” El
juego se convierte para el jugador patológico, en el eje central
de su vida.
Es absolutamente
necesario que se entienda el juego patológico como un trastorno y
evitar la consideración de “vicioso”, como consecuencia de la
falta de información sobre la misma.
El entendimiento
como trastorno o enfermedad va a permitir una mejor disposición de
la persona afectada así como de sus familiares, a la hora de
afrontar el tratamiento y la rehabilitación.
En principio cuesta
admitir el juego como una enfermedad y el jugador patológico
tiende a afirmar que le es posible dejarlo por sí mismo.
Normalmente
pretende engañarse negando su problema, aún cuando sabe que es
esclavo del mismo y tiene fuertes sentimientos de culpa.
Para muchos es una
adicción llamada “no tóxica”.
Sin dudas, desde el
punto de vista social, constituye una de las plagas más antiguas
de la humanidad, por su gran poder destructivo.
El uso de azar en
el juego es considerado una diversión cuando hay un control y un
gozo en el acto en sí, mientras deja de serlo cuando implica
sufrimiento y descontrol, por lo que la persona pierde su libertad
de decisión.
Actualmente se
destacan dos importantes clasificaciones, las de los juegos y la
de los propios jugadores. Se ha distinguido varios tipos de juegos
de competición, juegos de azar, juegos de riesgo y juegos de
reglas (González Seara, 1989).
Entre los juegos de
azar, se establece cuatro grandes clases de juegos: por su licitud
(lícitos e ilícitos); por su administración (públicos y privados);
por su contenido (máquinas tragamonedas, bingos, casinos, cartas,
loterías y apuestas deportivas) y por su poder adictivo (muy
adictivos y poco adictivos), (Bombín, 1992).
Atendiendo a su
potencial adictivo, se pueden distinguir los altamente adictivos,
por el escaso tiempo trascurrido entre el tiempote la apuesta y el
resultado, y escasamente adictivos, por el carácter diferido de
tiempo del resultado respecto al momento de la apuesta.
Hoy en día la
mayoría de las investigaciones, en España por ejemplo; se centran
en las máquinas tragamonedas y los bingos, mientras que en otros
países destacan estudios sobre éstos y otros juegos, como las
carreras de caballos, máquinas de frutas, máquinas de póker, etc.
Según las
clasificaciones hechas por varios autores en España (Becoña, 1993
– González, 1989 – Ochoa y Labrador, 1994 –Rodríguez – Martos,
1987), se pueden considerar cinco tipos de jugadores: el no
jugador, el jugador social, el jugador problema, el jugador
patológico y el jugador profesional.
Las diferencias
principales entre los jugadores provienen de las cuantías y del
control del juego. A la hora del tratamiento se considera
preventivo en los jugadores sociales y excesivos, necesarios en
los patológicos e innecesario en los profesionales. El aspecto
preventivo está tomando actualmente una importante relevancia por
el papel que desempeñan los jugadores excesivos, que si bien no
tiene problemas graves es el primer paso hacia la enfermedad por
las reiteradas pérdidas de control que conducen a que las pérdidas
empiecen a ser desmedidas por lo que las ganancias actúan como
estimulantes para recuperar lo perdido.
Diagnóstico
Se establece cuando
se cumplen al menos cuatro de estas características:
1. Frecuente y creciente
preocupación por el juego o por obtener dinero para jugar, con
tendencia a rememorar experiencias lúdicas del pasado y a planear
nuevas actividades.
2. Jugar con frecuencia
mayor cantidad de dinero o por un período de tiempo más largo en
relación con lo previsto.
3. Necesidad de
incrementar el volumen o la frecuencia de las apuestas para
conseguir la excitación deseada.
4. Intranquilidad o
irritabilidad en caso de no poder jugar o al intentar reducir o
dejar el juego.
5. Pérdidas repetidas de
dinero debidas al juego y reiteración en la conducta de juego con
el propósito de recuperar las pérdidas.
6. Repetidos esfuerzos
infructuosos por abandonar o reducir el juego.
7. Aumento de la conducta
de juego ante dificultades psicológicas o sociales.
8. Sacrificio de
obligaciones familiares, sociales u ocupacionales para poder
jugar.
9. Persistencia en el
juego (incapacidad de abstención) a pesar de la imposibilidad de
pagar deudas crecientes o a pesar de otros problemas
significativos (sociales, ocupacionales, legales) que la persona
sabe que son incrementados por el juego.
Tratamiento
Hasta los años 90
la escasez de publicaciones sobre tratamiento en el Juego
Patológico ha sido muy notoria. Últimamente han surgido
importantes estudios al respecto con importantes repercusiones.
Los tratamientos desde un principio se han sustentado en los
programas que ya existían para el tratamiento del alcoholismo.
Según el Nacional Council on Compulsive Gambling hay más de 41
programas distintos en Estados Unidos. La mayor parte de programas
de tratamiento americanos, ya sean ambulatorios o en régimen de
internamiento, están orientados hacia el consejo profesional, las
psicoterapias grupales y la asistencia a Jugadores Anónimos.
Existen 600 grupos de jugadores anónimos en USA y unos 300
dirigidos a las familias e hijos de jugadores.
Los tratamientos
más utilizados son:
· La psicoterapia grupal
· Modificación de
conductas
· La internación del
paciente, fue algo insólito precedido también de otros
tratamientos para algunas adicciones. Este procedimiento se basaba
en la penosa situación económica y psicológica del jugador así
como en facilitar el abandono de algunas actividades sociales que
le inciten a jugar. Sin embargo, la mayoría de los tratamientos se
hacen sobre una base ambulatoria, con dos objetivos, la
abstinencia total o parcial (juego controlado). La mayoría de los
programas están dirigidos a la abstinencia total, a pesar de la
existencia de algún trabajo sobre la eficacia del juego
controlado.
Otro aspecto añadido
ampliamente citado en la literatura es la alta comorbilidad que
posee el juego con otras adicciones. Los datos son muy dispares,
si bien, de un modo aproximativo la comorbilidad entre todas las
adicciones con respecto al juego patológico se aproxima a un 15%,
mientras que entre los jugadores patológicos la coexistencia de
otras adicciones está entre el 45 – 55%, donde prevalecen las
adicciones a drogas legales, como el tabaco y el alcohol. Respecto
al fundamental hecho de la poliadicción, debe ser tomada en cuenta
en el tratamiento. Lesieur (1991, 1993) demuestra que el
tratamiento combinado es efectivo, principalmente en los casos de
alcoholismo y ludopatía.
Actualmente se está incluyendo,
en prácticamente todos los casos de intervención, a la familia.
Heineman (1994) recomienda siempre este procedimiento ya que la
familia no sólo juega un papel importante, sino que es parte
directamente implicada. Por lo que según este autor la
intervención familiar es necesaria, desde el punto de vista ético,
consiguiendo en la mayoría de los casos aumentar el éxito
terapéutico, reestableciendo la unidad familiar.
La proliferación de
asociaciones se debe a la falta de especialistas, a la gratuidad
de las mismas y en muchos casos por su concepción intimista, al
guardar el anonimato, debido al prejuicio social que todavía
soportan el juego patológico y el alcoholismo. Estos grupos de
autoayuda, facilitan un modelo de coping, posibilitando el
desarrollo de estrategias de afrontamiento (Mc Cormick y Ramírez,
1988). La eficacia de estos grupos se aproxima al 15% (Brown,
1987), menor que otras técnicas, por lo que estas asociaciones
deben de cumplir un papel más complementario, principalmente para
prevenir las recaídas.
Prevención:
Surge claramente
que pre-ocuparnos del problema evitaría la instalación de la
enfermedad en muchas personas. Por lo tanto, será la familia la
estructura primordial que debe actuar como “Matriz Protectora”,
quien deberá alejar a sus hijos desde edades tempranas de los
lugares en donde encontrarían “el refuerzo” adecuado para
iniciarse en la adicción. Las instituciones intermedias deben
velar y difundir información adecuada. Las autoridades deben
legislar y hacer cumplir su rol de policía para erradicar la sobre
oferta de lugares en donde los jóvenes pierden su tiempo e inician
el quebranto de su salud.
Desde esta prédica
agradecemos a quienes se están ocupando del tema y esperemos que
se sientan acompañados en esta función.