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Comprensión Empática y Estilos de Negociación en la relación de
pareja
herramientas de mediación
Aguilera, Varela M. I. (2007).
Asesora de Tesis: Mtra. Claudia López Becerra. Sinodales: Dr. Juan
Lafarga Corona, Mtra. María Sánchez Quintanar, Mtra. Claudia López
Becerra, Mtra. Ofelia Pazos, Mtra. Teresa Reyes.
Introducción
En la convivencia de pareja, la forma de comunicarse, el estilo de
negociación utilizado en la resolución de los conflictos
existentes y la visibilidad del otro, son aspectos que hoy se
vuelven a revisar. Branden (2000) explica como una relación intima
en la que nos sentimos plenamente percibidos por otra persona
siempre implica en algún momento, la percepción de unas
capacidades de las que no éramos conscientes, de una potencialidad
latente, de rasgos que nunca ascendieron al nivel de la percepción
explícita. La visibilidad implica a menudo, el descubrimiento de
uno mismo.
En lo específico a la psicología de la pareja, Carter y Sokol
(2000) se han percatado de que para crear y mantener un verdadero
vínculo, los dos miembros de la unión deben esforzarse por darse a
conocer, cuestión bien diferente a la de compartir rituales y
relaciones mediante estereotipos y conductas adquiridas.
Dentro del ámbito de la terapia de pareja es frecuente observar
como a los miembros de una relación, se les dificulta incluso un
diálogo en que ambos puedan comprender el punto de vista de su
interlocutor.
Los distintos autores expertos en negociación y conflicto, suelen
proponer una estrategia basada en la consideración de ambas
partes, como salida funcional a un conflicto interaccional.
Así, en un afán por contribuir con una revisión teórica a
desarrollar alguna ayuda de carácter preventivo para complementar
el trabajo terapéutico, se llevó a cabo la siguiente
investigación, que tuvo como objetivo determinar en que medida el
grado de comprensión empática en el vínculo de pareja puede estar
relacionado con la forma de negociar.
Justificación
Los conceptos de comprensión empática y los distintos estilos de
negociación que son de interés para este proyecto de
investigación, han sido abordados desde distintos paradigmas o
“círculos epistemológicos”, en diferentes momentos históricos.
El concepto de empatía ha evolucionado desde la figura
sobresaliente C.Rogers (1985), hacia concepciones actuales que
resaltan su funcionalidad en el manejo de conflictos desde el
punto de vista de la comunicación, de la subjetividad, o de la
calidad de la relación desde una perspectiva emocional,
intercultural o como parte de la sinergia o inteligencia social.
Así mismo, hoy se considera una herramienta en la solución
negociada de conflictos.
Recientemente Armenta, (2002) ha descrito como para la teoría
centrada en la persona, el recorrido terapéutico significa ir
facilitando una reestructuración o reacomodación de las
experiencias, de manera que el si mismo pueda expandirse para
poder aceptar todas aquellas vivencias que se han rechazado,
desplazado o han tenido una simbolización inadecuada.
Por otro lado, Velasco Alva (2004) desde un modelo psicodinámico
constructivista, realiza una propuesta intersubjetiva,
empleando la empatia y la identificación proyectiva, a partir del
eje transferencia y contratrasferencia. Explicando los vínculos
humanos mediante ambas, en donde ésta es vista como un proceso
identificatorio transitorio que permite comprender los estados
emocionales del otro, así como un mecanismo necesario para la
recepción del material del paciente.
Desde las herramientas para la mediación, Plutchik en 1992
considera la empatía como un proceso en el que dos o más
individuos comparten experiencias emocionalmente significativas.
Sin atribuir un rol cognitivo para las emociones, lo que hace que
la falta de la misma esté en la base de los conflictos de
relaciones personales. (Citado en Redorta, 2004)
De acuerdo con Rogers, el concepto de empatía forma parte de lo
que éste autor consideró como fuente de conocimiento, en el que
intervienen tanto un marco de referencia interno, la empatía en sí
misma y un marco de referencia externo. Desde su punto de vista,
es importante el papel del aprendizaje significativo o vivencial,
en el cual intervienen tanto los aspectos cognitivos como los
afectivos, siendo este aprendizaje mucho más que una mera
acumulación de datos.
El grado de comprensión empática puede ir desde un nivel inicial
de empatía que no se corresponde con los sentimientos y
experiencia del otro implicando una patente falta de respeto,
permitiendo una conversación en términos generales, vagos y
anónimos o manteniendo despegado al otro, sin autodescubrimiento
de los sentimientos o de la personalidad. Hacia un nivel más
profundo en donde el grado de empatía exige mucha atención y
respeto profundo, ayudando a expresar matices y multitud de
sentimientos o experiencias personales de modo específico,
concreto, global, con indicios de respuestas auténticas de modo
constructivo.
C.Rogers, comenzó hablando de la labor del terapeuta como un
reflejar empático, para acabar concibiéndolo como un encuentro
interpersonal, de la mano de la congruencia.
Más adelante, sobre las base de las condiciones terapéuticas
descritas por Rogers, G.T. Barret-Lennard (1962) desarrolló un
inventario de la relación que evaluase el grado en que dichos
elementos se hayan presentes, incluyendo distintos elementos de la
calidad de la entrevista y la relación de ayuda, entre otros el
nivel de aprecio.
Para este autor, es valioso evaluar la percepción en la relación,
del grado en que dichos elementos se hayan presentes como un
intento de profundizar en el proceso terapéutico.
Por su parte, los modelos cognitivos o motivacionales, se centran
en la motivación altruista o egoísta para la conducta de ayuda. La
mayoría de las veces separan el componente afectivo y cognitivo en
el concepto, incluyendo la simpatía como parte de los componentes
de la empatía.
Más recientemente, el interés en la solución de conflictos desde
una perspectiva intercultural, se refiere a la empatía como una
competencia alocéntrica que condiciona particularmente la
capacidad de comunicar. Lo que incluye la necesidad de considerar
aptitudes como la suspensión del yo, la consideración hacia el
otro y la disposición para entrar en contacto, la flexibilidad y
tolerancia psicológica y la comprensión del otro en sus
necesidades, sentimientos y opiniones. Marandón, (2003).
Las teorías sociales del desarrollo moral abordan el concepto de
empatía, en las figuras de Kolhberg (1975) y Piaget (1962), como
la habilidad de ver las cosas desde la perspectiva del otro,
proponiendo un enfoque constructivista y socio-cognitivo en el
cual el desarrollo de la identidad está determinado por el
desarrollo moral.
Por su parte, hoy en día, dada la complejidad de la cultura de la
cooperación o autocomposición se habla del modelo de Harvard como
aquella negociación colaborativa asistida por un tercero, dirigida
a la satisfacción de intereses o necesidades que son
incompatibles. A modo de conflicto en donde se conducirá a un
camino de transacción, basado en el acuerdo entre las partes.
El modelo transformativo, se basa en un enfoque terapéutico
propuesto para potenciar el cambio en las personas, a partir de
las relaciones humanas desde sus propias habilidades. Caminando
hacia el crecimiento moral, la revalorización y el reconocimiento
de cada persona. No busca tanto el acuerdo. Se basa en la
comunicación y las relaciones interpersonales entre las partes.
El modelo narrativo impulsado por Sara Cob, parte de las
aportaciones de M. White proponiendo un análisis de la historia
alternativa, teniendo en cuenta las relaciones, el contexto
cultural, los mitos, los valores, la incidencia en la identidad y
en el self. Pone el acento en la comunicación y en la interacción
entre las partes. Redorta (2004), Muñoz Hernán (2003), Díez Tapia
(2006).
El concepto de comprensión empática y los distintos estilos de
negociación, constituyen una posibilidad de describir la calidad
de una relación intersubjetiva y por otro lado valorar los costes
y beneficios de una negociación que implica un pronóstico a corto
y largo plazo en el mantenimiento de una relación de pareja.
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[1] La presente investigación forma parte de la
Tesis de Maestría, con el honor que representó la presencia
del Dr. Juan Lafarga Corona como sinodal de la misma. María
Sánchez Quintanar, es Maestra en Desarrollo Humano y Fundadora
de COPHAC, siendo además sinodal de la presente investigación.
Colaboraron la Maestra Claudia López Becerra como asesora de
tesis, la Maestra. Ofelia Pazos, la Maestra Consuelo Lara, la
Maestra. Teresa Reyes Canchola, todas ellas Maestras egresadas
de COPHAC, docentes y terapeutas de familia, pareja y terapia
individual.
María
Isabel Aguilera Varela es psicóloga y realizó sus estudios de
Doctorado en Psicología Clínica y de la Personalidad en la
Universidad de Psicología del País Vasco UPV-EUH. Ha sido
becaria de colaboración por el Gobierno Vasco en la asignatura
de Teoría de la Comunicación y Comunicación Clínica,
elaborando un diccionario de términos y casos clínicos, bajo
el asesoramiento del Dr. Don José Luís De la Mata Impuesto, en
el Departamento de PETRA de la misma Universidad, desde la
perspectiva en clínica constructivista vincular. Se formó en
conflictos sociales y movimientos sociales, en victimología y
en antropología a lo largo de su Doctorado.
Actualmente imparte diferentes conferencias y talleres sobre
mediación, bullying escolar y psicología de la pareja. Es
Maestra egresada de COPHAC, México en Orientación y Desarrollo
de Parejas. Es colaboradora docente de esta institución,
contribuyendo en la impartición de Talleres en Desarrollo
Humano y diferentes Diplomados.
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