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La
Mediación Familiar: un camino hacia la solución de conflictos
Enviado por: Elena
Baixauli
Psicóloga y especialista en Mediación
Valencia-España
E-mail: elenab@telefonica.net
Resumen
Este artículo profundiza en el concepto de mediación y muy
especialmente en el proceso de mediación familiar, con el objeto
de abrir un vía para un mayor entendimiento.
Palabras clave Mediación, Mediación Familiar, Proceso, Modelos
INTRODUCCIÓN
Cuando
en el año 98 empecé a conocer, a entender y aplicar la mediación
desde Servicios Sociales, nunca podía imaginar el efecto tan
poderoso que tendría como proceso y herramienta de trabajo para
la solución de conflictos familiares.
Poco
a poco, sin más ayuda que las pocas publicaciones que disponíamos
en aquel momento, me fui interesando por este nuevo camino que se
abría a mis ojos, que me ha ido envolviendo cada vez más en un
deseo de aprender y saber más para poder desarrollar un trabajo
mejor.
Es
precisamente, mi objetivo dar a conocer el proceso de Mediación
Familiar, pues no son pocos los interrogantes que el estudio y
conocimiento del mismo desatan.
CONCEPTO
DE MEDIACIÓN FAMILIAR
La
mediación familiar se inició, en la segunda mitad de los años
70, en Estados Unidos y
con el tiempo ha ido extendiéndose a otros países y a nuestro
entorno.
Surgirá
para intentar dar una salida extrajudicial al gran número de
separaciones y divorcios, que colapsan el sistema judicial.
La
mediación familiar parte de un presupuesto inicial: las familias
tienen sus propios recursos para tomar sus propias decisiones
(Bolaños, 1996). He podido comprobar por mi misma, a través de
mi experiencia como mediadora, la importancia de estas palabras.
Es
difícil encontrar una definición que pueda englobar todo lo que
implica el proceso de mediación, es por tanto un buen referente
la Ley 7/2001, de 26 de noviembre, reguladora de la mediación
familiar en el ámbito de la Comunidad Valenciana, que en el Título
I, artículo 1 expone: la mediación familiar es un procedimiento
voluntario que persigue la solución extrajudicial de los
conflictos surgidos en su seno, en el cual uno o más
profesionales cualificados, imparciales, y sin capacidad para
tomar decisiones por las partes asiste a los miembros de una
familia en conflicto con la finalidad de posibilitar vías
de diálogo y la búsqueda en común del acuerdo.
Es
importante resaltar de esta definición el papel del mediador,
como persona imparcial y neutral, que no es protagonista del
proceso de mediación. Ha sido y será complicado que nos quitemos
nuestro sombrero como psicólogos, abogados, trabajadores
sociales, educadores y nos pongamos el uniforme de mediador.
Nosotros como terapeutas de pareja o de familia adoptamos un papel
activo y relevante durante toda la terapia, proporcionándoles
recursos o técnicas para que hagan frente a sus problemas y les
aconsejamos cuando nos lo piden y en ocasiones también cuando no
lo hacen. Por tanto, muchas veces sin darnos cuenta siguiendo
nuestro protocolo de actuación nos estamos olvidando de la
esencia de la familia, de la esencia de la pareja, de que son
ellos y no nosotros los que tienen en sus manos el poder de hallar
una solución a sus problemas.
Contamos
con la dificultad añadida de que las partes no conocen el proceso
de mediación y sus reglas, y si además saben que somos psicólogos,
nos van a pedir que trabajemos orientándoles, formándoles e
interviniendo como protagonistas de esta acción. Resultándoles a
ellos muy complicado separar un trabajo del otro.
Debemos
pues, tener cuidado de no confundir nuestra profesión, nuestro
trabajo como psicólogos clínicos, con el trabajo de mediador. Lo
que no podremos evitar es enriquecer nuestra profesión con el
conocimiento sobre mediación y así mismo, utilizar nuestras
habilidades de comunicación para facilitar la difícil tarea de
ser mediador.
El
mediador deberá ser una persona con formación especializada en
mediación, por tanto si realizamos terapia de pareja u orientación
familiar, no estaremos realizando mediación.
El
PROCESO DE MEDIACIÓN FAMILIAR
Las
negociaciones pueden tener lugar cuando las partes en una disputa
han reconocido su existencia, acuerdan la necesidad de resolverla,
y se comprometen activamente en un proceso diseñado para
solucionar la misma (Haynes, 1993).
Las
parejas y las familias que acuden voluntariamente al servicio de
mediación deben hacer un gran esfuerzo para entender las reglas
de la mediación.
Hoy
en día, podemos darnos cuenta del gran número de problemas que
tienen que afrontar las familias: desempleo, separaciones,
problemas de comunicación con los hijos, problemas de comunicación
con la pareja, violencia doméstica.
Y
todo ello, va paralelo a los cambios que se producen en nuestra
sociedad y en la estructura familiar, dejando paso la familia
extensa a la familia nuclear y la familia monoparental.
La
mediación como proceso que facilita la comunicación entre
personas que están en conflicto intenta mostrar un camino hacia
la solución de los problemas familiares.
A
la hora de iniciar el proceso de mediación tendremos muy en
cuenta a las partes que se encuentran en conflicto, pero en los
casos de mediación en separaciones y divorcios, el interés del
menor será el criterio prevalente en la mediación familiar.
En
demasiadas ocasiones, vemos a las partes más preocupadas en
negociar en términos ganar o perder, que se olvidan de las
personas que sufren las consecuencias de esta negociación.
En
esta línea de principio se manifiesta la Ley Orgánica 1/1996, de
15 de enero, de Protección Jurídica del Menor, que expone: una
concepción de las personas menores de edad como sujetos activos,
participativos y creativos, con capacidad para modificar su propio
medio personal y social; de participar en la búsqueda y
satisfacción de sus necesidades y en la satisfacción de las
necesidades de los demás.
Ocupará
pues, un lugar central el interés del menor para el mediador,
desde su inicio hasta su terminación, se consigan o no acuerdos
durante la mediación.
Una
vez que las partes han llegado a concretar acuerdos pondrán en
disposición de la autoridad judicial los mismos para obtener su
validación.
La
mediación familiar no es la mejor solución para todos los
problemas.
Podemos
ser buenos mediadores, utilizar correctamente las herramientas del
mediador y aplicar una a una las fases de la mediación, pero a
pesar de lo anterior en muchas ocasiones van a seguir existiendo
conflictos familiares con difícil solución.
La
explicación debemos buscarla en la cultura de la mediación, es
decir para poder construir el barco hace falta la madera. Nos
adentramos en un terreno peligroso que se mueve entre la oferta y
la demanda. ¿Existe una gran demanda de mediación?.
Nuestra
sociedad muestra graves problemas de comunicación, de diálogo,
que deja paso en demasiadas ocasiones a la violencia. Nos falta
tiempo, nos falta un espacio y el lugar adecuado para hablar,
escuchar, para entenderse. Poco a poco, como sociedad en continuo
crecimiento hemos ganado independencia, autonomía, sabiduría,
competitividad, pero hemos perdido en el camino algo importante,
algo que sólo podemos apreciar en poblaciones pequeñas, los
valores morales, la solidaridad, el compañerismos, la comprensión
y el entendimiento.
Los
mediadores ofrecemos el espacio para que esa comunicación fluya,
pero ¿sabemos de la existencia de dicho espacio?.
Trabajaremos
para la divulgación de la mediación y cuando se conozca, seguirá
sin ser la solución a muchos problemas familiares.
MODELOS
DE MEDIACIÓN
Si
hablamos de a quién va dirigida la mediación familiar, nos
quedaremos con una visión parcial si pensamos únicamente en
problemas de pareja.
Lo
que te va mostrando la experiencia es que la mediación también
es la solución para los problemas de relación y comunicación
entre padres e hijos, entre abuelos y nietos, entre hermanos y
entre todas aquellas personas unidas por parentesco o
afinidad.
Cuando
las partes solicitan el servicio de mediación, esperan en el
fondo obtener los mismos resultados que en cualquier otro proceso,
es decir todo esta contextualizado de manera dicotómica ganar o
perder.
Les
sorprende que el mediador explique que se trata de buscar la
solución que sea mejor para las partes, que se trate pues de
ganar-ganar.
Resulta
difícil pensar que no existe un ganador y un perdedor, cuando
estamos demasiado acostumbrados a querer ser los mejores, a ser
competitivos, a dominar, a tener el poder.
Entonces
es cuando entra en juego la cultura de la mediación, realizando
una mediación tras otra. Mostrando a las partes que el conflicto
que les atrajo, puede verse desde un prisma diferente, es el paso
de las posiciones a las necesidades.
El
modelo de Harvard o modelo Tradicional-Lineal busca como
finalidad conseguir acuerdos, se centra en el contenido de la
comunicación y no tiene en consideración la relación entre las
partes.
Pero,
si no se producen acuerdos entre las partes, ¿el proceso de
mediación se ha realizado de manera correcta?.
En
ocasiones, no se producen acuerdos o la mayoría de ellos son
parciales, entonces podemos pensar que algo ha fallado, que no
hemos hecho bien nuestro papel.
El
modelo Ttransformativo de Bush y Folger sin embargo nos explica
que lo importante es el reconocimiento del otro y la revalorización
de uno mismo, independientemente del hecho de llegar o no a
acuerdos.
La
mediación recibe aportaciones de la Psicología de la Intervención
Social, de la Pedagogía, de la Psicología de la Gestalt, por
resaltar la empatía, la capacidad de ponernos en el lugar del
otro.
De
este modo, podremos escuchar y comprender qué es lo que me dice
el otro, cambiar nuestra actitud de cara al conflicto y conseguir
una mayor amplitud de alternativas de solución del mismo.
Pasaremos
del vencedor y el vencido, del fuerte al débil, del ganador y del
perdedor, a una igualdad de condiciones para hablar y para ser
escuchado, para ser valorado, para expresar nuestros derechos y
que se tengan en cuenta.
CONCLUSIONES
A
lo largo de este artículo mi propósito ha sido profundizar en el
proceso de mediación familiar, proceso que hasta hace muy poco se
desconocía y que debido a la Ley 7/2001, de 26 de noviembre,
reguladora de la mediación familiar en el ámbito de la Comunidad
Valenciana, podemos seguir un protocolo de actuación y obtener
una mayor información.
Pero
como decía el poeta “caminante no hay camino, se hace camino al
andar”. Nos queda mucho por aprender, por enseñar, por
investigar, para que podamos ser más y mejores mediadores. Para
que podamos maravillarnos de cómo las parejas, las familias son
capaces por ellas mismas de encontrar la solución a los problemas
y como nosotros no somos más que meros espectadores de lo que está
ocurriendo.
Nosotros
hemos abierto la caja de pandora y ahora debemos afrontar este
hecho, realizando el proceso de mediación en aquellos casos que
sea posible y reconociendo en otros que la mediación no es
siempre la mejor alternativa .
REFERENCIAS
BIBLIOGRÁFICAS
Bolaños,
J.I., (1996): Mediación Familiar:
Una Forma Diferente de Entender la Justicia. Informaciò
Psicològica nº 60, 23-25
Castillo,
C., (2001): El Interés del Menor
Como Criterio Prevalente en la Mediación Familiar. Ponencia
de las Jornadas sobre Mediación: en la familia, en la empresa
familiar.
Folger,
J.P. y Baruch Bush, R.A., (1996): La
Promesa de la Mediación.Editorial Granica.
Haynes,
J. M., (1995): Fundamentos de la
Mediación Familiar. Gaia Ediciones.
Ley
de Mediación Familiar. Federación Valenciana de Municipios y
Provincias.
Elena
Baixauli
Psicóloga y especialista en Mediación
Valencia-España
E-mail: elenab@telefonica.net