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CUADERNO DE
MEDIACIÓN:
Aportes para un
proyecto de Resolución no violenta de conflictos.
Autora:
Silvia Cardoso.
silnes@montevideo.com.uy
El “Cuaderno de
Mediación” es un proyecto que comenzó este año, a funcionar en
el liceo Nº 30.
Como muchos
proyectos, es la síntesis de 9 años de experiencia en el
ámbito educativo, desde el rol de la Adscripción.
Antes de exponer el
desarrollo del proyecto me parece importante ubicar al Adscripto,
tanto desde su rol, su función, su cargo, su formación, así como
también dentro del lugar que ocupa en la red
institucional.
Dentro de la
Institución educativa, organizada mediante el principio de
Autoridad y Jerarquía, podemos pensar el rol de Adscripto como eje
donde confluyen distintas líneas de fuerza, internas y externas a
la Institución.
Así nos
encontramos con un cargo que depende directamente de la dirección,
y que tiene la función de establecer relaciones con los alumnos,
con los docentes, con los padres, con la dirección, con otras
Instituciones.
Esta posición que
ocupa el Adscripto, permite una mirada del centro educativo y de sus
distintos actores, desde una distancia óptima podríamos decir,
que le permite visualizar las redes vinculares que van
tejiendo la trama institucional.
Así podemos pensar
el rol de Adscripto como un cargo bisagra dentro de la Institución
y aún hacia fuera, en tanto padres y otras instituciones
son recibidas o visitadas por el Adscripto.
La dirección, los
docentes, los alumnos, los padres llegan a nosotros, con distintos
pedidos, con determinados encargos, con distintos problemas, con
conflictos.
Como profesora
Ayudante Adscripta de formación, con la riqueza de la
experiencia, he ido formándome una cierta idea de cómo
responder o reaccionar ante éstos pedidos, encargos o conflictos
que se me presentan diariamente, y por supuesto la mirada que me
permite mi segunda profesión no ha estado ausente en este proceso
de aprendizaje: La Psicología.
El hecho de que la
Psicología y la Pedagogía tienen muchos choques entre sí, me ha
confrontado permanentemente obligándome a encontrar un equilibrio,
una postura que pudiera comprender a pesar del dolor que me pudiera
causar.
Esa lucha por el
equilibrio me ha llevado por muchos caminos, caminos que hube de
dejar por equivocados, otros que de a poco fueron echando
alguna luz que me permitió seguir adelante.
La intuición, el
inconformismo y la terquedad son aspectos que no puedo dejar de
mencionar, porque tuvieron un papel protagónico en la búsqueda de
ese equilibrio.
Ya sea en la queja
por el orden establecido, en la rabia que va produciendo el ir
institucionalizándose, en la rebeldía que permanentemente me
acompaña cuando creo que algo debería ser diferente, aunque
no sepa en qué dirección, sino simplemente diferente.
UNA RABIA,
UNA INTUICION....
Un cuaderno de
mediación como proyecto nace de una práctica que en un principio
se sustentó en una intuición, en una rabia, en una terquedad: el
reglamento de disciplina no me sirve como herramienta, por lo tanto
no lo aplico.
Digamos que esta
postura fue producto de varios entrecruzamientos sociales y
familiares, y por lo tanto no era meramente una cuestión ideológica.
Además, estaba
estrechamente relacionada con la filosofía que emanaba de nuestra
formación como profesionales de doble perfil, administrativo y
docente, donde aprendimos, en la teoría por lo menos, a
dudar de lo aparente, a sabernos producto y productores de
subjetividad, a pensar en los fenómenos que generó la represión,
etc.
A su vez la
experiencia me fue mostrando que muchos de los conflictos o
situaciones problemáticas que suceden dentro, y aún afuera del
centro educativo tienen que ver con aprendizajes tempranos dentro de
un ámbito familiar, que difícilmente puedan cambiar mágicamente
en base a una sanción sea ésta del tipo que sea.
Sin embargo
cotidianamente nos llegan alumnos para ser sancionados por
distintos motivos, ya sea desde las aulas, ya sea desde los patios
del recreo.
Leía el otro día
en una revista dedicada a temas pedagógicos que los docentes
debemos ser los únicos profesionales que cuando una fórmula
fracasa la aplicamos otra vez y ejemplificaba, si un alumno se porta
mal le ponemos una observación, si se vuelve a portar mal le
ponemos otra, si se vuelve a portar mal le ponemos una tercera. El
artículo tenía por objetivo mostrar que cuando una cosa fracasa
hay que aplicar otra.
Por lo tanto
podemos decir que el reglamento de conducta, el cuaderno de
observaciones, son recursos institucionales que tenemos que volver a
aprender como usar, usando previamente nuestro sentido común.
La reflexión
sobre la práctica y no la práctica en si misma, es entonces la que
nos va mostrando la eficiencia o no de estos recursos y también
nos muestra si son suficientes, o más bien debiera decir, idóneos
para resolver algunos tipos de conflictos.
....UN PROYECTO
Las situaciones que
están en el origen de este “Cuaderno de Mediación”, se
remontan al comienzo de mi tarea de docencia indirecta, y están
relacionados con una forma de abordarlas que tenía que ver con
escuchar a ambas partes en conflicto y luego elaborar una estrategia
que pudiera ayudarlos a resolver ese conflicto.
Esta solución tenía
la desventaja de que la solución algunas veces la aportaba yo,
aunque no quisiera, por ejemplo porque ellos se quedaban callados
cuando terminaban de exponer lo que había sucedido.
Y como debían
volver a clase o alguna otra actividad me esperaba, yo les indicaba
muchas veces que es lo que a mí me parecía mejor.
Otra de las
desventajas de esta intervención era que yo terminaba por imponer
una escala de valores que podía ser distinta a la que
habían aprendido los protagonistas del conflicto.
Sin embargo tenía
la convicción de que estas situaciones, no se resolvían con una
sanción, sino que requerían otro tipo de abordaje, un
abordaje formativo, que involucrara a los actores en una
reflexión sobre la situación conflictiva en que estaban inmersos y
a su vez les permitiera crear una posible solución para resolver la
misma.
Peleas entre dos
alumnos, rivalidades que se manifiestan en agresiones e insultos. y
aún situaciones que involucran a más de dos alumnos, fueron los
hechos que han ido dando vida a éste proyecto.
Poco a poco
esta modalidad hablada fue pasando al papel.
Papeles sueltos primero, un cuaderno algunos años después....
El “Cuaderno de
Mediación”, es un cuaderno que se le entrega a los alumnos
involucrados en una situación conflictiva, con una consigna y una
lapicera.
La consigna es:
“Les voy a entregar este cuaderno para que ustedes puedan
escribir sobre el pasado, el presente y el futuro de este problema
que tienen. Cada uno escribe su opinión, su reflexión. También
les voy a pedir que cada uno escriba lo que puede hacer para
solucionar el problema, o sea, que piense en una solución que
llevará adelante, más allá de lo que pueda hacer el otro”. O
bien: “Escribe tu opinión y tus sentimientos frente al conflicto
que tienes, cómo se generó, qué está pasando ahora y qué puedes
hacer tú para que este conflicto se solucione.”
Antes de darles la
consigna se les explica que es la mediación, se les habla de la
resolución no violenta de conflictos y se presenta el cuaderno como
una de las estrategias para el logro del objetivo.
Se les dice también
qué entendemos por pasado, presente y futuro, para que tengan una
idea más clara de lo que se espera de ellos.
En el pasado se
hace un relato del comienzo del conflicto, cómo lo vivió cada uno,
que parte de responsabilidad le corresponde; en el presente se trata
de reflejar como se sienten en éste momento y en el futuro tienen
que buscar dentro de cada uno de ellos una salida no violenta para
la resolución de esta situación. Esa salida no debe involucrar al
otro, sino que debe ir en el sentido de lo que cada uno puede hacer
o está dispuesto a hacer.
En el cuaderno se
pone la fecha, se anota el nombre de los involucrados en la
parte superior de la hora y luego se les da el cuaderno y se los
deja solos.
Una vez que
terminan lo devuelven.
Puede ser que
tengan dudas durante la realización de la tarea y en ese caso se
les explican nuevamente la consigna y el funcionamiento del
cuaderno.
Cuando la tarea está
terminada, se lee delante de ellos, se les pregunta si están de
acuerdo en la solución que encontraron y si es así concluye la
intervención.
Cuando leemos el
cuaderno, podemos encontrar que uno de los alumnos escriba que si el
otro no lo agrede, él no va a agredir más.
En estos casos
volvemos a explicar que la solución que encuentren debe ser
personal y no debe pasar por las actitudes o por las intenciones del
otro y volvemos a entregar el cuaderno.
FUNDAMENTACION
Mediar según el diccionario:
“Interponerse
entre dos o más que riñen procurando reconciliarlos"
“Entrar una cosa
en medio de otras”
Tomando la definición
del diccionario del término “mediar”, el cuaderno pretende
representar “esa cosa” que se interpone en medio de otras.
No se trata de
hacer desaparecer al adulto en tanto mediador, sino que el cuaderno
es una herramienta más en la función de formación que tenemos los
docentes.
El cuaderno nos
permite tomar cierta distancia de la situación problemática
y a la vez implicar a los adolescentes con sus propias capacidades
de reparación, las que consideramos aspectos saludables de la
personalidad.
Pensamos que esta
herramienta de trabajo favorece la independencia y el hacerse cargo
por parte de los adolescentes, que, evolutivamente están
atravesando por una etapa de transición hacia la vida adulta.
Consideramos que el aprendizaje de resolución no violenta de
conflictos es un proceso de suma importancia para la futura vida
personal, profesional e institucional de los alumnos.
El poder
reflexionar sobre la actitud de uno mismo, facilita el
autoconocimiento y a la vez el conocimiento del otro.
Invitamos al alumno
reflexionar sobre lo que le molesta del otro y a dialogar con ese
otro sobre lo que le molesta de uno.
Este proceso va en
el sentido de la individuación, en tanto permite al sujeto
conectarse con su propia singularidad y con la singularidad de su prójimo.
Puntos de encuentro
y puntos de fuga con el otro que nos hablan de nuestra
calidad de iguales y distintos al mismo tiempo.
Cuando hablamos de
autoconocimiento, lo entendemos en un sentido limitado, ya que
partimos de la base de que gran parte de los mecanismos que regulan
nuestras actitudes son inconscientes y por lo tanto no se puede
acceder a ellos mediante el solo acto de reflexionar.
Sin embargo, para
el adolescente constituye un logro poder poner en palabras, lo que
en general sólo puede manifestar a través del acto.
En este sentido, el
hablar sobre actitudes de uno, constituye un paso en el proceso de
simbolización, y pensamos que el escribir bien se puede considerar
como un paso más, ya que si el lenguaje oral es una representación,
la escritura puede considerarse como una representación de la
representación.
Podemos pensar
también que la aparición de la escritura tanto ontológica, como
filogenéticamente, es posterior a la oralidad, lo que podría estar
significando cierto grado de madurez, sin pretender cuestionar ni
compartir las hipótesis sobre oralidad y escritura que han
establecido distintos investigadores a través de la comparación de
sociedades con escritura y sin escritura.
La escritura tiene
además la ventaja de que perdura en el tiempo y puede recurrirse a
ella para ver qué se pensó en un momento, qué soluciones se
encontraron, si son las mismas que buscaríamos hoy (pasado un
tiempo), para solucionar ese conflicto.
Pensamos también
que muchos conflictos tienen su origen en malos entendidos o en
problemas en la comunicación, por lo tanto brindarle un espacio a
los alumnos que tuvieron un problema entre sí, se constituye en un
momento de encuentro y aprendizaje, sin la participación
directa de los adultos.
Este momento de
reflexión tiene por objetivo también, al hacer partícipe a los
involucrados en la búsqueda de acuerdos, favorecer el desarrollo de
mecanismos de implicancia tanto en la generación de los
conflictos, como en la resolución de los mismos, ya que muchas
veces se tiende a poner fuera de uno todo lo malo que ocurre
alrededor, lo que dificulta la comprensión tanto de uno mismo, como
de la realidad que nos produce y a su vez producimos.
DE AQUÍ EN MÁS
Pienso que esta
experiencia ha sido muy enriquecedora, para todos los actores
institucionales que hemos utilizado el Cuaderno de Mediación.
Queda por realizar
una evaluación de esta experiencia,
Al día de hoy en
el cuaderno han participado aproximadamente 50 alumnos.
Lo han pedido
profesores, adscriptos, equipo de dirección.
Y si bien aún no
tenemos una evaluación de la misma, pensamos que en el momento
actual, momento de guerra, momento de conflictos, tiempos violentos
que nos han tocado vivir, es de un gran valor poder pensar porqué
le pegué al compañero, porqué me enojé tanto, porqué me dijo
eso si sabe que no me gusta.....y poder sentir con el otro.
La educación tiene
que ser el ámbito privilegiado para poner en marcha La Resolución
No Violenta de Conflictos, como un proyecto de la vida cotidiana, al
alcance de todos, como una práctica que nos recuerde que un día
nos separamos de los animales para devenir humanos.
En lo personal
aprendí a darle un lugar a la sanción como un límite, pero jamás
pretendo ni pretenderé que por si sola, sea un instrumento válido
para un educador.
La reflexión sobre
mi práctica, sobre mis aciertos y mis errores me ha servido para
confirmar mi intuición de la falta de idoneidad de la sanción, en
cuanto instrumento para la formación y la transformación del ser
humano.
Si hay una escuela
que dice que el hombre es hijo del rigor, esa no es la mía.
Mi escuela dice que
no hay mucho que yo pueda enseñar, apenas si puedo aprender un
poco. Entonces, esa es mi tarea como educadora.
Mi escuela dice que
el hombre solo puede escoger entre lo mejor de sí mismo, cuando
se conoce, en lo bueno y en lo malo, en sus odios y en sus amores,
en sus frustraciones y en sus gratificaciones, en sus deseos y en su
rabia.
Silvia Cardoso
silnes@montevideo.com.uy
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